Nos despertamos cada día con opiniones y noticias relacionadas con el impacto que la IA y la robotización de tareas en las organizaciones va a tener en nuestra economía en general y en el mercado de trabajo en particular; y todas ellas están divididas en dos grandes corrientes. Por un lado, aquellos agoreros que predicen que se perderán millones de puestos de trabajo debido a la automatización y robotización de tareas; mientras que, por el otro, los hiper-optimistas que nos quieren hacer creer que se generará una cantidad ingente de puestos de trabajo de gran valor añadido que no solo mitigarán las pérdidas, sino que el resultado neto será positivo. Y como suele ocurrir en estos casos, la virtud suele estar en el punto intermedio.

El impacto de la Inteligencia Artificial

Desde hace más de 250 años los principales catalizadores del crecimiento económico han sido las innovaciones tecnológicas. Las más importantes de ellas, las que los economistas dan por llamar, tecnologías de propósito general, como el motor de combustión, la electricidad o el correo electrónico, que trajeron de la mano oportunidades e innovaciones complementarias. Los expertos parecen ponerse de acuerdo en que la Inteligencia Artificial es la tecnología de propósito general de nuestro tiempo. Pero los economistas distinguen también las tecnologías en otros dos tipos, en tecnologías “habilitadoras” y tecnologías “de reemplazo”, es decir, entre aquellas tecnologías que nos facilitan el trabajo y nos permiten ser más productivos, y aquellas orientadas a reemplazar tareas manuales. Esta distinción no lo es tanto de la tecnología en sí, sino en cómo la aplicamos o la utilizamos. Podemos utilizar Inteligencia Artificial para dotar de inteligencia a los Robots y sustituir a los trabajadores de una línea de producción, pero también puede utilizarse para desarrollar sistemas de educación personalizada que habiliten a un mayor número de profesores a adaptar la formación según las necesidades de cada alumno. Pero esto no es algo nuevo.

Soy hijo, hermano, nieto y bisnieto de cartero. Con la llegada de Internet y el correo electrónico, el trabajo tanto de mi padre como de mi hermano cambió radicalmente, ocupaban puestos diferentes, por lo que la repercusión, también por edad, fue distinta, y para no extenderme, la centraré en el caso de mi padre. Después de más de 30 años ejerciendo como cartero en un entorno rural, casi de un día para otro, se vio convertido en director de una sucursal bancaria. Es quizás un caso extremo, pero creo que es un claro ejemplo de lo que nos espera por delante. En primer lugar, debido a la reducción de correspondencia física, la empresa optó por la centralización de operaciones en oficinas más pequeñas que agrupasen núcleos urbanos, por lo que, por experiencia, pero sobre todo por méritos propios (amor de hijo… 😊) mi padre se convirtió en director de Oficina. Pero con eso no era suficiente, la empresa necesitaba otras vías de ingreso y eso, junto con el deseo de una entidad financiera extranjera de introducirse en España y utilizar esas oficinas para dicha expansión, a mi padre le tocó volver a evolucionar e introducirse en el negocio bancario. Muchos diríais que el correo electrónico fue una tecnología habilitadora, y lo fue para muchos seguramente, pero también lo fue de reemplazo para otros trabajos. Evidentemente y como podéis imaginar, la productividad de mi padre, al igual que la de sus colegas dentro de la empresa, como director de sucursal bancaria, dejaba mucho que desear, pero eso de la productividad en los cambios producidos por los avances tecnológicos, lo dejamos para otro artículo; sin embargo, se vio abocado a evolucionar en sus quehaceres diarios para mantenerse en el mercado de trabajo.

¿Será el impacto de la Inteligencia Artificial igual o mayor al de otras disrupciones tecnológicas?

Pero, ¿será el impacto de la Inteligencia Artificial igual o mayor al de otras disrupciones tecnológicas? Desde mi punto de vista, el impacto económico será similar en órdenes de magnitud, sin embargo, el impacto social creo que será mayor. Hacer que las aplicaciones o las máquinas piensen y aprendan por si solas, nos pone ante determinados problemas éticos que nunca antes debieron afrontarse; pero centrándolo en el aspecto puramente económico, como decía, será similar al de otras épocas. Desde el punto de vista del mercado de trabajo, los avances tecnológicos suelen afectar más a la “clase media”, es decir, aquellos trabajos que tiene determinado punto de valor añadido, pero que son susceptibles de ser automatizados, y cuya automatización merece la pena desde un punto de vista de rentabilidad. Esos serán los primeros en verse obligados a evolucionar, como le ocurrió a mi padre. Eso no quiere decir que los extremos no se vean afectados, puesto que aquellos que “sobrevivan” estarán obligados a convivir con esas tecnologías.

Hoy en día, estamos ante la dicotomía de que las organizaciones no son capaces de sacar todo el provecho posible a la Inteligencia Artificial, porque no disponen de personal capacitado para ello, pero por otro lado no existen políticas que incentiven la formación en esas áreas. Es el momento de ponerse las pilas. El cambio está llegando ya, y debemos de estar preparados para ello, cuanto antes, mejor, para ser capaces de sacar ventaja de las oportunidades que se nos brinden. Si admites un consejo, no tengas miedo de experimentar e intenta aprender rápido.

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